lunes, 13 de agosto de 2012

Ahumada busca un socio en el mediocampo


El primer Ojo Crítico remarcó la carencia de posesión de pelota en Mendoza. Ayer All Boys tuvo el balón, lo recuperó en el mediocampo y no sufrió demasiados sobresaltos en su área, pero su mayor problema fue la falta de ideas en los últimos 25 metros de juego.

El arco de Nicolás Cambiasso estaba muy lejos de un Quilmes que no había logrado aproximarse en 20 minutos, cuando llegó la mayor falla del fondo albo. En ella intervino la mala suerte de un rebote traicionero, pero el desequilibrio defensivo había llegado luego de tres desaciertos:

Cauteruccio pivoteó y con un toque hacia atrás eliminó tres marcas (Coronel, Soto y Rodríguez), en una jugada hasta allí corriente. Pero Matías Lequi dudó, calculó mal y esa vacilación dejó solito a Garnier, en la primera flaqueza local en ese movimiento quilmeño. Hernán Grana habrá pensado que el pase para el platinado nunca se podría haber filtrado a la espalda de Oscar Ahumada, porque cerró con la velocidad de un luchador de sumo en la segunda desatención. Pese a ello, el marcador de punta incomodó al blondo volante y el remate dio en el propio Grana. Pero allí estuvo la tercera desavenencia: Lequi y Ahumada confiaron en Cambiasso, desatendieron a Cauteruccio y el goleador del torneo -quién había iniciado la jugada- definió solito desde el punto penal.

La valentía post gol adelantó a Quilmes, pero sólo 10 minutos. Lentamente el equipo dirigido por De Felippe volvió a su plan inicial, y si bien no se atrincheró ni puso las bolsas de arpillera en el arco de Trípodi, le entregó el balón a All Boys.

Martín Morel estuvo acertado en los pases laterales y el estado del terreno seguramente haya complotado para filtrar el pase entre líneas, ese que realmente hace daño. Pero si el “10”, el creativo, no pide la pelota y no se hace eje del juego, habrá que rememorar más de una vez al Chapulín Colorado y su ahora quién podrá ayudarnos. Ayer no vislumbre que Morel fuese el eje de los avances.

A mí consideración, la figura fue Trípodi (vital en un remate de Iván Borghello y un cabezazo de Mauro Matos), pero Ahumada tuvo una destacada labor asumiendo él el rol de conductor. El pulgar arriba se lo doy a Carlos Soto por su solvencia en los mano a mano y por su confianza las pocas veces que pasó al ataque en la primera etapa. Si bien el sector de Jonte y Miranda estaba inundado, pienso que Grana y Emanuel Perea jamás tuvieron convicción para ir hasta el fondo -como si tuviesen órdenes de no desbordar- en el complemento.     

Pese a lo marcado, creo que el toque a la red de Ángel Vildozo (créditos también para la cortina del “Memo”) fue el premio a un equipo que intentó asociarse por abajo todo el partido. En el tintero me queda una última consideración: hubiera querido ver a All Boys los últimos minutos con el tridente en cancha para buscar la victoria y no el inmediato cambio de Darío Stefanatto por Borghello para asegurar la igualdad.

Por Ale Mirra

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