La derrota 1-2 frente a Atlético Rafaela no fue lo más preocupante de la excursión de All Boys a la provincia de Santa Fe. El equipo mostró su peor cara futbolística en lo que va del torneo y además sumó una baja sensible: la lesión de Oscar Ahumada.
En el debut ante los mendocinos no se había dejado una imagen positiva, pero fue por no tener el dominio de la caprichosa. El sábado el conjunto de Floresta tuvo la pelota, pero no supo darle una buena utilización. Con la ventaja de dos goles (todo un nefasto mérito de la defensa que hayan convertido dos pólvora mojada como Eluchans y Grazzini), los rafaelinos cedieron totalmente la posesión y se limitaron a esperar otro error para cerrar el encuentro.
Ausente Martín Morel, y con una jornada poco inspirada de Iván Borghello (perdí la cuenta de las veces que quedó off side), no hubo nadie que tomara la posta. El 0-2 quedó lejísimos y evidenció una falla en la toma de decisiones de José Romero, porque demoró una eternidad los cambios para ir a buscar el descuento, que a mí criterio debieron hacerse en el entretiempo.
Por citar el mediocampo, podrían haber sido dos las variantes: Fernando Sánchez es una pata muy importante en la recuperación y aporta en la distribución, pero no tiene el ritmo de un “8” ofensivo cuando se necesita achicar el resultado. Y Juan Pablo Rodríguez debió ser reemplazado, pero no para condenarlo por el segundo de la Crema , sino porque se lo vio afectado el resto del partido tras ese yerro.
Pulgar arriba para el productivo ingreso de Ángel Vildozo, que una vez más volvió a aprovechar los minutos que le dio el técnico y se llevó el premio en un día de pocas luces.
Quitando el sufrimiento en cada pelota parada defensiva, habían sido cinco fechas de un andar regular o bueno; del sábado no rescato absolutamente nada. Habrá que esperar la evolución de Ahumada. Alerta. Porque la baja del más parejito del mediocampo puede significar empezar corriendo desde atrás el Clásico ante Argentinos.
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